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Curiosidades JAM

¿Cuántas horas se necesitan para leer toda la Biblia?


La Biblia contienen unos 3.566.480 letras, 773.693 palabras, 31.102 versículos y 1.189 capítulos necesita unas 38 horas para leer el Antiguo Testamento y 11 horas para el Nuevo Testamento, o sea, 49 horas en total para leer toda la Biblia. Si se quiere recitar la Biblia hablando normalmente, se necesita 70 horas y 40 minutos se lee diariamente unos 4 capítulos, se puede leer fácilmente toda la Biblia en un año (365 días)


¿Cuál es el capítulo más corto en la Biblia?
Salmo 117
¿Cuál es el capítulo más largo en la Biblia?
Salmo 119
¿Que capítulo se encuentra en el centro de la Biblia?
Salmo 118

El libro más antiguo de la Biblia no es Génesis sino Job, se cree que lo compiló Moisés cuando estaba en el desierto

Hay 594 capítulos antes del Salmo 118
Hay 594 capítulos después del Salmo 118
Si sumas estos números te darán 1188.

Sabias que el único personaje en la Biblia que se menciona que uso reloj fue el Rey Acaz; 2 Reyes 20:11

¡Sabías que cuando La Biblia dice en el Libro de 2 Samuel 18:9 que Absalon quedó suspendido entre la tierra y el cielo, era por que literalmente estaba colgando?, me explico; Absalon tenia el cabello realmente largo, tenia que dejas o clinejas, las que usualmente usaban en la realeza, y en la encina que se menciona allí, los árboles que crecían en ese terreno eran espinosos por lo cual frecuentemente muchos animales quedaban atrapados en ellos y por eso Absalon montado sobre su mulo, corriendo a todo dar, no verifico ese árbol y quedo enganchado a la orilla de un precipicio. ¿Que curioso no?

Se dice que toda la Escritura es inspirada por Dios, sin embargo hay una porción de la ella que no inspirada por él. Se trata de los Diez Mandamientos, los cuales Dios escribió en las tablas por su mano y no las inspiro a nadie para que las escribiera."Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios" Ex. 31:18

El nombre mas largo de la Biblia es Maher-salal-hasbaz. Isaías 8:3 "Y me llegué a la profetisa, la cual concibió, y dio a luz un hijo. Y me dijo Jehová: Ponle por nombre Maher-salal-hasbaz.




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Pequeños como un atomo...

EN COMUNICACIÓN CON EL INFINITO
Jueves, 16 de mayo
En Lugares Celestiales
Elena G. White

Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.( Jer. 9: 23, 24)

Hay una educación que es esencialmente mundanal. Su fin es dar éxito en el mundo, satisfacer la ambición egoísta. Para conseguir esta educación muchos estudiantes dedican tiempo y dinero y llenan su mente de conocimientos innecesarios. El mundo los tiene por sabios; pero no tienen a Dios en sus pensamientos...
Hay otra clase de educación que es muy diferente. Su principio fundamental, según lo declaró el Mayor de los maestros que el mundo haya conocido, es: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia" (Mat. 6:33). Su fin no es egoísta; su propósito es honrar a Dios, y servirle en el mundo... Dios es la fuente de toda sabiduría. El es infinitamente sabio, justo y bueno. Aparte de Cristo, los hombres más sabios que jamás hayan vivido no pueden comprenderlo. Pueden profesar ser sabios; pueden gloriarse de sus adquisiciones; pero el simple conocimiento intelectual, aparte de las grandes verdades que se concentran en Cristo, es como nada.. .
Si los hombres pudiesen ver por un momento más allá del alcance de la visión finita, si pudiesen discernir una vislumbre de lo eterno, toda boca dejaría de jactarse. Los hombres que viven en este mundo que es un pequeño átomo del universo son finitos; Dios tiene mundos innumerables que obedecen a sus leyes, y son conducidos para gloria suya. Cuando en sus investigaciones científicas los hombres han ido hasta donde se lo permiten sus facultades limitadas, queda todavía más allá un infinito que no pueden comprender.
Antes que los hombres puedan ser verdaderamente sabios, deben comprender que dependen de Dios, y deben estar henchidos de su sabiduría, Dios es la fuente tanto del poder intelectual como del espiritual. Los mayores hombres, que han llegado a lo que el mundo considera como admirables alturas de la ciencia, no pueden compararse con el amado Juan o el apóstol Pablo. La más alta norma de virilidad se alcanza cuando se combina el poder intelectual con el espiritual (Consejos para los maestros, págs. 53-55).


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¿Estás preparado para el Cielo?

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. 1 Cor. 2: 9.

Qué obra tenemos por delante. Necesitamos una fe mayor en Cristo y en el Padre. Ciertamente, debemos tenerla, de otro modo seremos contados entre los no creyentes. Vemos grandes oportunidades y una gran cantidad de trabajo por realizar. Deseamos que el Espíritu Santo nos santifique. No podemos permitirnos el lujo de errar el blanco del galardón del supremo llamamiento en Cristo Jesús. La santificación de la verdad, confinando la constancia del hombre en la fe, hará a los hombres colaboradores de Dios.
Unidos con la Fuente de todo poder, perseverando en su deber, aumentando la comprensión del amor de Dios demostrado en Cristo Jesús, llegarán a ser uno con Cristo, hasta que sean perfeccionados con Cristo en Dios.
Las glorias que esperan a los fieles vencedores están por encima de cualquier descripción. El Señor los honrará y exaltará grandemente. Crecerán como el cedro y su entendimiento sin duda irá en aumento. Y a medida que vayan avanzando en las etapas del conocimiento, sus expectativas quedarán por debajo de la realidad. "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre. son las que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Cor. 2: 9). Nuestra tarea ahora es alistarnos para aquellas mansiones que Dios está preparando para los que lo aman y guardan sus mandamientos. . . El Señor Jesús aumentará la capacidad de cada mente y corazón para que puedan recibir el Espíritu Santo. . .
El tiempo es corto. Use el poco tiempo que tiene para su bien presente y eterno por medio del servicio cristiano activo, haciendo todo el bien posible. Redima el tiempo que ha perdido; busque primero el reino de Dios y su justicia. Entonces tendrá algo para impartir en buenas obras, en una influencia alegre y consagrada. . .
¿Qué preparación ha hecho Ud. para el futuro mundo eterno?. . . Ud. desea algo más elevado y mejor de lo que tiene actualmente. Debe ejercer una influencia consciente e inconsciente en favor del bien. Dios merece algo mejor de Ud. como súbdito, que lo que Ud. le ha dado. Considere cuidadosamente esto: ¿Se encuentra bajo la bandera del Príncipe Emanuel o bajo la bandera negra del príncipe de las tinieblas? Sobre Ud. descansa la obligación de devolver la influencia y el dinero que le ha sido prestado por el Señor para el avance de su causa y para glorificar su nombre.
El Señor lo llama: "Dame,. hijo mío, tu corazón" (Prov. 23: 26) (Carta 71, del 17 de mayo de 1900, a Juan Wessels).
Fuente: E.G. White, Alza tus ojos, 17 de mayo, p.150




Primeros Escritos, p. 13-20
La Venida de Cristo, y nuestra llegada al Cielo
Imperdible!

Desde aquel momento hasta diciembre de 1844, mis gozos, pruebas y chascos fueron similares a los de mis apreciados amigos adventistas que me rodeaban. En aquel tiempo, visité a una de nuestras hermanas adventistas, y por la mañana nos arrodillamos para el culto de familia. No había excitación, y sólo nosotras, cinco mujeres, estábamos allí. Mientras yo oraba, el poder de Dios descendió sobre mí como nunca lo había sentido. Quedé arrobada en una visión de la gloria de Dios. Me parecía estar elevándome cada vez más lejos de la tierra, y se me mostró algo de la peregrinación del pueblo adventista hacia la santa ciudad, según lo narraré a continuación.
Mi primera visión, como Dios me ha mostrado el camino que el pueblo adventista ha de recorrer en viaje a la santa ciudad, así como la rica recompensa que se dará a quienes aguarden a su Señor cuando regrese del festín de bodas, tengo quizás el deber de daros un breve esbozo de lo que Dios me ha revelado. Los santos amados tendrán que pasar por muchas pruebas. Pero nuestras ligeras aflicciones, que sólo duran un momento, obrarán para nosotros un excelso y eterno peso de gloria con tal que no miremos las cosas que se ven, porque éstas son pasajeras, pero las que no se ven son eternas. He procurado traer un buen informe y algunos racimos de Canaán, por lo cual muchos quisieran apedrearme, como la congregación amenazó hacer con Caleb y Josué por su informe. (Núm. 14:10.) Pero os declaro, hermanos y hermanas en el Señor, que es una buena tierra, y bien podemos subir y tomar posesión de ella.
Mientras estaba orando ante el altar de la familia, el Espíritu Santo descendió sobre mí, y me pareció que me elevaba más y más, muy por encima del tenebroso mundo. Miré hacia la tierra para buscar al pueblo adventista, pero no lo hallé en parte alguna, y entonces una voz me dijo: "Vuelve a mirar un poco más arriba." Alcé los ojos y vi un sendero recto y angosto trazado muy por encima del mundo. El pueblo adventista andaba por ese sendero, en dirección a la ciudad que se veía en su último extremo. En el comienzo del sendero, detrás de los que ya andaban, había una brillante luz, que, según me dijo ,un ángel, era el "clamor de media noche." Esta luz brillaba a todo lo largo del sendero, y alumbraba los pies de los caminantes para que no tropezaran.
Delante de ellos iba Jesús guiándolos hacia la ciudad, y si no apartaban los ojos de él, iban seguros. Pero no tardaron algunos en cansarse, diciendo que la ciudad estaba todavía muy lejos, y que contaban con haber llegado más pronto a ella. Entonces Jesús los alentaba levantando su glorioso brazo derecho, del cual dimanaba una luz que ondeaba sobre la hueste adventista, y exclamaban: "¡Aleluya!" Otros negaron temerariamente la luz que brillaba tras ellos, diciendo que no era Dios quien los había guiado hasta allí. Pero entonces se extinguió para ellos la luz que estaba detrás y dejó sus pies en tinieblas, de modo que tropezaron y, perdiendo de vista el blanco y a Jesús, cayeron fuera del sendero abajo, en el mundo sombrío y perverso. Pronto oímos la voz de Dios, semejante al ruido de muchas aguas, que nos anunció el día y la hora de la venida de Jesús.
Los 144,000 santos vivientes reconocieron y entendieron la voz; pero los malvados se figuraron que era fragor de truenos y de terremoto. Cuando Dios señaló el tiempo, derramó sobre nosotros el Espíritu Santo, y nuestros semblantes se iluminaron refulgentemente con la gloria de Dios, como le sucedió a Moisés al bajar del Sinaí.
Los 144,000 estaban todos sellados y perfectamente unidos. En su frente llevaban escritas estas palabras: "Dios, nueva Jerusalén," y además una brillante estrella con el nuevo nombre de Jesús. Los impíos se enfurecieron al vernos en aquel santo y feliz estado, y querían apoderarse de nosotros para encarcelarnos, cuando extendimos la mano en el nombre del Señor y cayeron rendidos en el suelo. Entonces conoció la sinagoga de Satanás que Dios nos había amado, a nosotros que podíamos lavarnos los pies unos a otros y saludarnos fraternalmente con ósculo santo, y ellos adoraron a nuestras plantas.
Pronto se volvieron nuestros ojos hacia el oriente, donde había aparecido una nubecilla negra del tamaño de la mitad de la mano de un hombre, que era, según todos comprendían, la señal del Hijo del hombre. En solemne silencio, contemplábamos cómo iba acercándose la nubecilla, volviéndose cada vez más esplendorosa hasta que se convirtió en una gran nube blanca cuya parte inferior parecía fuego. Sobre la nube lucía el arco iris y en torno de ella aleteaban diez mil ángeles cantando un hermosísimo himno. En la nube estaba sentado el Hijo del hombre. Sus cabellos, blancos y rizados, le caían sobre los hombros; y llevaba muchas coronas en la cabeza. Sus pies parecían de fuego; en la mano derecha tenía una hoz aguda y en la izquierda llevaba una trompeta de plata. Sus ojos eran como llama de fuego, y escudriñaban de par en par a sus hijos. Palidecieron entonces todos los semblantes y se tornaron negros los de aquellos a quienes Dios había rechazado. Todos nosotros exclamamos: "¿Quién podrá permanecer? ¿Está mi vestidura sin manchas?" Después cesaron de cantar los ángeles, y por un rato quedó todo en pavoroso silencio cuando Jesús dijo: "Quienes tengan las manos limpias y puro el corazón podrán subsistir. Bástaos mi gracia." Al escuchar estas palabras, se iluminaron nuestros rostros y el gozo llenó todos los corazones. Los ángeles pulsaron una nota más alta y volvieron a cantar, mientras la nube se acercaba a la tierra.
Luego resonó la argentina trompeta de Jesús, a medida que él iba descendiendo en la nube, rodeado de llamas de fuego. Miró las tumbas de sus santos dormidos. Después alzó los ojos y las manos hacia el cielo, y exclamó: "¡Despertad! ¡Despertad! ¡Despertad los que dormís en el polvo, y levantaos!" Hubo entonces un formidable terremoto. Se abrieron los sepulcros y resucitaron los muertos revestidos de inmortalidad. Los 144,000 exclamaron "¡Aleluya!" al reconocer a los amigos que la muerte había arrebatado de su lado, y en el mismo instante nosotros fuimos transformados y nos reunimos con ellos para encontrar al Señor en el aire.
Juntos entramos en la nube y durante siete días fuimos ascendiendo al mar de vidrio, donde Jesús sacó coronas y nos las ciñó con su propia mano. Nos dio también arpas de oro y palmas de victoria. En el mar de vidrio, los 144,000 formaban un cuadrado perfecto. Algunas coronas eran muy brillantes y estaban cuajadas de estrellas, mientras que otras tenían muy pocas; y sin embargo, todos estaban perfectamente satisfechos con su corona. Iban vestidos con un resplandeciente manto blanco desde los hombros hasta los pies. Había ángeles en todo nuestro derredor mientras íbamos por el mar de vidrio hacia la puerta de la ciudad. Jesús levantó su brazo potente y glorioso y, posándolo en la perlina puerta, la hizo girar sobre sus relucientes goznes y nos dijo: "En mi sangre lavasteis vuestras ropas y estuvisteis firmes en mi verdad. Entrad." Todos entramos, con el sentimiento de que teníamos perfecto derecho a estar en la ciudad.
Allí vimos el árbol de la vida y el trono de Dios, del que fluía un río de agua pura, y en cada lado del río estaba el árbol de la vida. En una margen había un tronco del árbol y otro en la otra margen, ambos de oro puro y transparente. Al principio pensé que había dos árboles; pero al volver a mirar vi que los dos troncos se unían en su parte superior y formaban un solo árbol. Así estaba el árbol de la vida en ambas márgenes del río de vida. Sus ramas se inclinaban hacia donde nosotros estábamos, y el fruto era espléndido, semejante a oro mezclado con plata.
Todos nos ubicamos bajo el árbol, y nos sentamos para contemplar la gloria de aquel paraje, cuando los Hnos. Fitch y Stockman, que habían predicado el Evangelio del reino y a quienes Dios había puesto en el sepulcro para salvarlos, se llegaron a nosotros y nos preguntaron qué había sucedido mientras ellos dormían. Procuramos recordar las pruebas más graves por las que habíamos pasado, pero resultaban tan insignificantes frente al incomparable y eterno peso de gloria que nos rodeaba, que no pudimos referirlas y todos exclamamos: " ¡Aleluya! Muy poco nos ha costado el cielo." Pulsamos entonces nuestras áureas arpas cuyos ecos resonaron en las bóvedas del cielo.
Con Jesús al frente, descendimos todos de la ciudad a la tierra, y nos posamos sobre una gran montaña que, incapaz de sostener a Jesús, se partió en dos, de modo que quedó hecha una vasta llanura. Miramos entonces y vimos la gran ciudad con doce cimientos y doce puertas, tres en cada uno de sus cuatro lados y un ángel en cada puerta. Todos exclamamos: "¡La ciudad! ¡la gran ciudad! ¡ya baja, ya baja de Dios, del cielo" Descendió, pues, la ciudad, y se asentó en el lugar donde estábamos. Comenzamos entonces a mirar las espléndidas afueras de la ciudad. Allí vi bellísimas casas que parecían de plata, sostenidas por cuatro columnas engastadas de preciosas perlas muy admirables a la vista. Estaban destinadas a ser residencias de los santos. En cada una había un anaquel de oro. Vi a muchos santos que entraban en las casas y, quitándose las resplandecientes coronas, las colocaban sobre el anaquel. Después salían al campo contiguo a las casas para hacer algo con la tierra, aunque no en modo alguno como para cultivarla como hacemos ahora. Una gloriosa luz circundaba sus cabezas, y estaban continuamente alabando a Dios.
Vi otro campo lleno de toda clase de flores, y al cortarlas, exclamé: "No se marchitarán." Después vi un campo de alta hierba, cuyo hermosísimo aspecto causaba admiración. Era de color verde vivo, y tenía reflejos de plata y oro al ondular gallardamente para gloria del Rey Jesús. Luego entramos en un campo lleno de toda clase de animales: el león, el cordero, el leopardo y el lobo, todos vivían allí juntos en perfecta unión. Pasamos por en medio de ellos, y nos siguieron mansamente. De allí fuimos a un bosque, no sombrío como los de la tierra actual, sino esplendente y glorioso en todo. Las ramas de los árboles se mecían de uno a otro lado, y exclamamos todos: "Moraremos seguros en el desierto y dormiremos en los bosques." Atravesamos los bosques en camino hacia el monte de Sión.
En el trayecto encontramos a un grupo que también contemplaba la hermosura del paraje. Advertí que el borde de sus vestiduras era rojo; llevaban mantos de un blanco purísimo y muy brillantes coronas. Cuando los saludamos pregunté a Jesús quiénes eran, y me respondió que eran mártires que habían sido muertos por su nombre. Los acompañaba una innúmera hueste de pequeñuelos que también tenían un ribete rojo en sus vestiduras. El monte de Sión estaba delante de nosotros, y sobre el monte había un hermoso templo. Lo rodeaban otros siete montes donde crecían rosas y lirios. Los pequeñuelos trepaban por los montes o, si lo preferían, usaban sus alitas para volar hasta la cumbre de ellos y recoger inmarcesibles flores. Toda clase de árboles hermoseaban los alrededores del templo: el boj, el pino, el abeto, el olivo, el mirto, el granado y la higuera doblegada bajo el peso de sus maduros higos, todos embellecían aquel paraje. Cuando íbamos a entrar en el santo templo, Jesús alzó su melodiosa voz y dijo: "Unicamente los 144,000 entran en este lugar." Y exclamamos: "¡Aleluya!"
Este templo estaba sostenido por siete columnas de oro transparente, con engastes de hermosísimas perlas. No me es posible describir las maravillas que vi. ¡Oh, si yo supiera el idioma de Canaán ¡Entonces podría contar algo de la gloria del mundo mejor! Vi tablas de piedra en que estaban esculpidos en letras de oro los nombres de los 144,000. Después de admirar la gloria del templo, salimos y Jesús nos dejó para ir a la ciudad. Pronto oímos su amable voz que decía: "Venid, pueblo mío; habéis salido de una gran tribulación y hecho mi voluntad. Sufristeis por mi. Venid a la cena, que yo me ceñiré para serviros." Nosotros exclamamos: "¡Aleluya! ¡Gloria!" y entramos en la ciudad. Vi una mesa de plata pura, de muchos kilómetros de longitud y sin embargo nuestra vista la abarcaba toda. Vi el fruto del árbol de la vida, el maná, almendras, higos, granadas, uvas y muchas otras especies de frutas. Le rogué a Jesús que me permitiese comer del fruto y respondió: "Todavía no. Quienes comen del fruto de este lugar ya no vuelven a tierra. Pero si eres fiel, no tardarás en comer del fruto del árbol de la vida y beber del agua del manantial." Y añadió: "Debes volver de nuevo a la tierra y referir a otros lo que se te ha revelado." Entonces un ángel me transportó suavemente a este obscuro mundo. A veces me parece que no puedo ya permanecer aquí; tan lóbregas me resultan todas las cosas de la tierra. Me siento muy solitaria aquí, pues he visto una tierra mejor. ¡Ojalá tuviese alas de paloma! Echaría a volar para obtener descanso.
Cuando salí de aquella visión, todo me pareció cambiado. Todo lo que miraba era tétrico. ¡Cuán obscuro era el mundo para mí! Lloraba al verme aquí y sentía nostalgia. Había visto algo mejor, y ello arruinaba este mundo para mi. Relaté la visión a nuestro pequeño grupo de Portland, el cual creyó entonces que provenía de Dios. Fueron momentos en que sentimos el poder de Dios y el carácter solemne de la eternidad. Más o menos una semana después de esto el Señor me dio otra visión. Me mostró las pruebas por las que habría de pasar, y que debía ir y relatar a otros lo que él me había revelado, y también que tendría que arrostrar gran oposición y sufrir angustia en mi espíritu. Pero el ángel dijo: "Bástate la gracia de Dios; él te sostendrá."


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Curiosidades JAM

¿Te quedaste con ganas de ver nuevamente el final de la pelicula "La Ultima Batalla" (Ultima Batalha)? ¿De escuchar la cancion de los creditos?





"Sonho sem fim" (Sueño sin fin, español)

Grandes são as diferenças, que a vida nos impõe. nós podemos aceitá-las ou fazermos divisões. eu não sei quem você é, nem o que pensou de mim. mas é bom que unamos forças, pra chegar até o fim, pois o céu será assim.

(coro)

Toda lingua e nação, toda raça e cor. num só coro unido, e o regente é o senhor. e por tempo eternal, viveremos ali. não há mais morte ou temor, só a vida e o amor, lindo sonho sem fim.

Cada dia, cada situação, deixando os preconceitos para trás. trocando censuras por abraços, destruindo a guerra construindo a paz. testemunhando a cada dia, um pouco do que verei afinal. os inimigo se abraçarem, fazendo o bem, vencendo o mal.

Repete coro

Não importa o lugar, não importa a cor se pudermos lutar (por um só ideal). quando cristo voltar todos vão entender. sem palavras dizer, se a linguagem é o amor não a o que traduzir. basta sentir, é preciso sentir.

Every people of the world
Toda lingua e nação
Toda raça e cor
Every color and race unite
Voice the praise the lord

E por tempo eternal, viveremos ali, não há mais morte ou temor, só a vida e amor, lindo sonho sem.

Repete coro

De mãos dadas andaremos juntos. viveremos para sempre juntos.

(ponte)

Amazing grace, how sweet the sound, that save a wretch, like me!
I once was lost, but now am found;

Was blind, but now I see.

Fuente: Coral Jovem Do Rio - Sonho Sem Fim Lyrics, 08/08/07

Y una posible traducción:

Grandes son las diferencias que la vida nos impone
Podemos aceptarlas o imponernos divisiones
No se quien sos ni lo que pensás de mi
Pero es bueno que unamos fuerzas
Para llegar hasta el fin porque el cielo sera así:
Todas las lenguas son nación, todas las razas color
Somos un coro unido y nuestro regente el señor
Y por el tiempo eterno vivieremos alli
Lindo sueño sin fin
Cada día, cada situación
jugando preconceptos atrás
Cambiando censura por abrazos
Destruyendo la guerra, construyendo la paz
Testimoniando cada día un poco de lo que veré al final
Los enemigos se abrazarán
Haciendo el bien, venciendo al mal
No mas muerte o terror sólo vida y amor
SE REPITE LA SEGUNDA ESTROFA
No importa el lugar no importa el color
Se puede luchar por un solo ideal
Si el lenguaje es amor no hay que traducir
Cuando Cristo vuelva todos van a entender
Sin decir palabras
Basta sentir, es preciso sentir
Toda la gente del mundo
Todos los colores y razas en unidad
Toda lengua y nacion
Toda raza y color
En un solo coro unidos
Y el regente es el Señor
Y eternamente viviremos alli
No más muerte y temor , solo vida y amor
Lindo sueño sin fin
De la mano andaremos juntos
Viviremos para siempre juntos

Fuente: "Telmo", en Yahoo Respuestas, 08/08/07

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